viernes, 9 de noviembre de 2012

De la Numismática, al Oso.


La "noticia numismática” del día de hoy


Resulta que venía con una de mis pequeñas caminando por la calle después de ir por ella a la escuela, veníamos jugando a que éramos coches de carreras y en eso llegamos a una bajadita que no dudamos en aprovechar, corrimos haciendo ¡¡¡Wiiiiiii!!!- riendo muy contentos. 

Siempre tengo que mirar hacia abajo para no tropezarme con los piecitos de ella y partirnos la cara (los dos), y eso iba haciendo cuando de repente, al pasar hecho "la mocha"  junto a una coladera vieja, alcancé a ver el brillo de una pequeña silueta metálica de forma circular y por milésimas de segundo pensé:

-¡Naa!, ha de ser una corcholata de esas que los borrachines tiran a la calle cuando andan bien jarras porque aquí enfrente esta la tienda-, o tal vez -un espejito que se le cayó al camión de la basura cuando se estaciona para recibir y separar la basura de los vecinos y la mía claro, puesto que aquí hace parada...

Sin embargo, una pequeña porción del naciente coleccionísta numismático en mí lo pensó dos veces y me dijo:  

-¿Y si es una moneda que se le cayó a algún coleccionista que creía llevarla bien guardada y no se percató de la hora en que la extravió, al dirigirse a su casa-

Por otro lado, al mismo instante pensé:

-A lo mejor las lluvias de los últimos días que sacaron a flote las aguas negras de la colonia, botaron una moneda antigua que se encontraba perdida en el fondo de la alcantarilla esperando su momento conmigo... ¡No, no, no!- Me dije a mi mismo.

Apliqué el freno de emergencia, es decir mis pies, y fue tal el jalón  hacia atrás que hasta mi pequeña dijo: 

-¡¿Papi qué paso?!, ¿Por qué nos detenemos tan feo?

Sobra decir que no le respondí en ese instante, regresaba decidido al lugar donde vi aquella pieza y la tomé con los dedos por el canto, cual si fuera una maravillosa prueba recién salida de la prensa de acuñación y reanudamos la marcha, esta vez ya sin el ¡Wiii!, ansioso por ver de qué se trataba pues no alcanzaba a distinguir bien los detalles del campo y menos porque era como del tamaño de una cuartilla de plata, de esas de 1800.

Pues ahí tienen que llegamos a la casa, yo tremendamente contento y con la euforia a todo por mi nuevo "hallazgo" le dije a mi niña:

-Cámbiate el uniforme y saca tus cosas para hacer la tarea-

Mientras ella hacía lo propio, yo corrí hacia el cajón donde guardo mi lupa de 10 aumentos ¡para ver a detalle mi nueva adquisición!

¿Qué encontré?

Nunca lo imaginé... pensé cualquier otra cosa menos esto:






Un botón apachurrado...

No cabe duda que en cuanto uno se contagia por el "virus" numismático, se pueden ver monedas o medallas en lugares insospechados...

¿Te ha ocurrido algo parecido?



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