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viernes, 11 de enero de 2013

¿Coleccionar o no coleccionar?

...He ahí la cuestión

Compañeros de nuestra vida cotidiana, expresión artística de nuestra civilización, seña particular de una época que dará testimonio en un futuro, “TILICHES” que yacen olvidados en el fondo de algún cajón,  un sótano abandonado o incluso bajo tierra, si, me refiero a esos objetos que aparentemente no guardan más valor de lo que pareciera están hechos.
Muñecas de trapo, juguetes viejos, pisapapeles raros, sacacorchos extravagantes, vajillas de distintos tamaños, armas antiguas, bastones exóticos, botones, encendedores, relojes de bolsillo, pinturas o dibujos, soldaditos, llaves, botellas, timbres postales o fiscales, y un largo etcétera.

Si, a propósito he dejado de nombrar una de las más emocionantes cosas que se pueden coleccionar, ¿adivinas?

Las monedas, ¡cómo no!


El trueque es igual de antiguo que el ser humano, los pueblos primitivos que lo practicaban intercambiaban objetos sin necesidad de intermediarios llegando a requerir de ciertos artículos como medida de cambio común. En el México prehispánico se intercambiaban conchas, semillas, plumas, piedras, pieles, etc., con la conquista vinieron nuevas formas de vida y también la introducción de moneda metálica, sin embargo no fue fácil, pues la moneda natural persistió y aun convivió por mandato legal junto a la nueva forma de cambio introducida por los españoles.
La pasión por la numismática viene desde un pasado muy lejano, en muchas civilizaciones se ha escuchado de coleccionistas de monedas, desde la misma Roma se buscaban ya piezas Griegas o Etruscas con las cuales seguramente se formaron colecciones magnificas de piezas en perfectas condiciones. Así, los grandes amantes de este arte se han dado a la tarea de apreciar, por su belleza y estética, piezas con inmejorable valor artístico, ya sea para deleite propio o para compartirlo con nuevas masas de adeptos dispuestos a contemplar y aprender acerca de la colección exquisita que se les pone al frente.

Hoy día los nuevos coleccionistas de monedas tienden a romper el silencio que suele incomodar al recién contagiado preguntándose: ¿qué valor tiene esto que tengo en mis manos? Por lo que ni tardos ni perezosos comienzan a indagar en todos los medios a su alcance sobre el valor “numismático” de su preciada posesión, convirtiendo gradualmente esa sed de saber, en un conocimiento amplio de la materia, poco a poco se ponen en contacto con personalidades que logran identificar como “expertos” volviéndose adeptos a estos, sin medir que pueden ser defraudados en breve.


¿Difícil empezar una colección?

En mi propia experiencia he de confesar que tan pronto se es “contagiado por el virus numismático”, se activa la fiereza necesaria para perder la cabeza, pero es mejor armarse de paciencia y cual instinto de cazador ver llegar poco a poco el botín del conocimiento necesario para elegir lo que estaremos dispuestos a coleccionar. Así al percatarnos que es bastante amplia nuestra empresa elegiremos una época, quizás la más “especial” para nosotros, también podemos empezar con piezas del propio país, que anden circulando todavía por ahí o que hayan sido retiradas recientemente de circulación (desmonetizadas) y así hasta que algún día llegue a nosotros alguna pieza rara o muy importante que pudiera definir, por fin, el objetivo de nuestra colección.
Aquí en México el amor y la pasión por coleccionar monedas no es nueva, siempre han existido personajes que han expresado su interés por esta actividad, sin embargo es la difusión del conocimiento numismático la que no se ha sabido encausar correctamente, en mi opinión, por lo que se da el caso (muchos, la mayoría) de que alguien que tiene una pieza “antigua” pueda llegar a considerar o creer que posee algo muy valioso, (lo cual no le quita lo especial al momento) pero que por no poseer la información correcta tenderá a confundirse y peor aún, a mal informar a otros acerca de su hallazgo.

Con esto último quiero dejarte las siguientes reflexiones:
¿El que colecciona monedas es numismático? ¿Es necesario que el numismático sea coleccionista? ¿El que escribe bonito de monedas lo es? ¿y el que no escribe nada pero está en el medio?
¿Qué te hace numismático?


viernes, 9 de noviembre de 2012

De la Numismática, al Oso.


La "noticia numismática” del día de hoy


Resulta que venía con una de mis pequeñas caminando por la calle después de ir por ella a la escuela, veníamos jugando a que éramos coches de carreras y en eso llegamos a una bajadita que no dudamos en aprovechar, corrimos haciendo ¡¡¡Wiiiiiii!!!- riendo muy contentos. 

Siempre tengo que mirar hacia abajo para no tropezarme con los piecitos de ella y partirnos la cara (los dos), y eso iba haciendo cuando de repente, al pasar hecho "la mocha"  junto a una coladera vieja, alcancé a ver el brillo de una pequeña silueta metálica de forma circular y por milésimas de segundo pensé:

-¡Naa!, ha de ser una corcholata de esas que los borrachines tiran a la calle cuando andan bien jarras porque aquí enfrente esta la tienda-, o tal vez -un espejito que se le cayó al camión de la basura cuando se estaciona para recibir y separar la basura de los vecinos y la mía claro, puesto que aquí hace parada...

Sin embargo, una pequeña porción del naciente coleccionísta numismático en mí lo pensó dos veces y me dijo:  

-¿Y si es una moneda que se le cayó a algún coleccionista que creía llevarla bien guardada y no se percató de la hora en que la extravió, al dirigirse a su casa-

Por otro lado, al mismo instante pensé:

-A lo mejor las lluvias de los últimos días que sacaron a flote las aguas negras de la colonia, botaron una moneda antigua que se encontraba perdida en el fondo de la alcantarilla esperando su momento conmigo... ¡No, no, no!- Me dije a mi mismo.

Apliqué el freno de emergencia, es decir mis pies, y fue tal el jalón  hacia atrás que hasta mi pequeña dijo: 

-¡¿Papi qué paso?!, ¿Por qué nos detenemos tan feo?

Sobra decir que no le respondí en ese instante, regresaba decidido al lugar donde vi aquella pieza y la tomé con los dedos por el canto, cual si fuera una maravillosa prueba recién salida de la prensa de acuñación y reanudamos la marcha, esta vez ya sin el ¡Wiii!, ansioso por ver de qué se trataba pues no alcanzaba a distinguir bien los detalles del campo y menos porque era como del tamaño de una cuartilla de plata, de esas de 1800.

Pues ahí tienen que llegamos a la casa, yo tremendamente contento y con la euforia a todo por mi nuevo "hallazgo" le dije a mi niña:

-Cámbiate el uniforme y saca tus cosas para hacer la tarea-

Mientras ella hacía lo propio, yo corrí hacia el cajón donde guardo mi lupa de 10 aumentos ¡para ver a detalle mi nueva adquisición!

¿Qué encontré?

Nunca lo imaginé... pensé cualquier otra cosa menos esto:






Un botón apachurrado...

No cabe duda que en cuanto uno se contagia por el "virus" numismático, se pueden ver monedas o medallas en lugares insospechados...

¿Te ha ocurrido algo parecido?